Continuación del Sambhava Parva

 King Yayati Indian Mythology

“Sukra continuó”:  ” Conoce  entonces,  Oh Devayani,  ¡el que no  mentaliza  los  malos  discursos  de los demás,   conquista  todo!   Los sabios dicen:   él que  es un  verdadero  auriga,   que   sin aflojar,   esfuerce firmemente las riendas de sus caballos.   Él, por lo tanto, es el verdadero hombre que doma,   sin   complacer  su ira  creciente.    Has de saber, Oh Devayani,  el  que  lo conquistado,  que doma con calma su ira  creciente.   Él es considerado como un hombre que  recurre  al perdón,  y  sacude fuera  su creciente ira,   como una serpiente despojada  de su ciénaga.     El que  suprime  su ira,   el que no hace mal discurso  de los demás, que conviene que no esté  enfadado,   aunque no sea la causa,  sin duda   adquiere,  los cuatro objetos para los que vivimos,  ( la virtud, la ganancia, el deseo y la salvación).  Entre los que cumplieren   sacrificios,   sin fatiga,   todos los meses durante un centenar de años,   y al que nunca    se  sienta  enojado  por  algo,   que no   sienta ira,    sin duda las más altas.   Niños  y niñas,   que no pueden distinguir entre el bien y el mal,  ni   pelearse  entre sí.    Nunca   se debe imitar a   los  sabios.  Devayani, al oír estas palabras de su padre, dijo: “Oh padre, lo sé, también cuál es la diferencia entre la ira y el perdón,   en cuanto a la potencia de cada uno.   Pero cuando un discípulo   se   comporta  irrespetuosamente, nunca debe ser perdonado por el preceptor,   si éste es realmente deseoso  de beneficiarse del primero.   Por lo tanto, no deseo seguir viviendo en un país,   donde la mala conducta es un bien escaso.   El hombre sabio deseoso del bien, no debe morar,   entre los  hombres pecaminosamente inclinados,  que siempre hablan mal de la buena conducta y la natalidad.   Pero  uno  debe  vivir, en  el mejor de los lugares de residencia,   donde la buena conducta y la pureza de nacimiento son conocidas y respetadas. Las crueles palabras pronunciadas por la hija  Vrishaparvan   queman   mi corazón, incluso a los hombres,  deseosos de prender fuego, queman  el combustible seco.  Yo no creo,   nada más triste,  que un hombre en los tres mundos,  que  adorar  a   enemigos  de alguien  benditos,  con buena fortuna,   él mismo   sin poseer   ninguno.   Esto ha sido  dicho,   por el sabio que para un hombre hasta la muerte sería mejor”.